Hay una pregunta que Dos Hermanas debería empezar a hacerse seriamente antes de que el próximo verano vuelva a recordárnoslo a golpe de termómetro: ¿está nuestra ciudad preparada para protegernos del calor?

La respuesta no puede limitarse a señalar sobre un plano la cantidad de parques y jardines que tenemos y concluir, satisfechos, que el problema está resuelto. Porque una cosa es tener zonas verdes y otra, bastante diferente, disponer de una red de refugios climáticos capaz de proteger realmente a la población cuando las temperaturas empiezan a ponerse serias.

Según el Observatorio Urbano de Dos Hermanas (1), la ciudad dispone de 1,17 hectáreas de zonas verdes por cada 1.000 habitantes, según datos de SIOSE/INE. Aplicando este indicador a los 142.463 habitantes registrados por el Censo Anual de Población a 1 de enero de 2025, la superficie resultante se sitúa en torno a 166,7 hectáreas, unos 1,67 millones de m². Una cifra nada despreciable, que a primera vista podría hacernos pensar que Dos Hermanas está bastante bien servida de verde.

La propia documentación de la Agenda Urbana de Dos Hermanas (2) aporta un inventario bastante interesante. Por ejemplo, en la denominada Zona Norte aparecen 17 espacios con un total de 7.707 árboles y 9.193 arbustos, mientras que en la Zona Sur se relacionan otros parques y plazas con sus correspondientes inventarios de 3.461 árboles y 13.936 arbustos.

Además, el Ayuntamiento mantiene una Guía de Parques y Jardines (3) que actualmente incluye parques, jardines, plazas, avenidas y bulevares de los diferentes núcleos urbanos. El propio Ayuntamiento señala que existen, además de los espacios catalogados, más de 45 plazas y 47 glorietas con distintos diseños y grados de presencia de vegetación.

Estas cifras quedan estupendamente en una memoria, en una presentación o en una nota de prensa. El problema es que los árboles no dan sombra por decreto y los metros cuadrados tampoco refrescan por sí solos.

Una zona verde puede estar contabilizada como tal y, sin embargo, ofrecer muy poca protección frente al calor. Basta pensar en una plaza ampliamente pavimentada, con unos cuantos árboles jóvenes plantados aquí y allá. Sobre el papel, todo correcto: hay árboles, hay jardinería y hay una bonita denominación administrativa. Pero a las cuatro de la tarde de un día de agosto, quizá el ciudadano que busque refugio allí tenga la misma sensación que quien ha entrado voluntariamente en un horno.

Por eso es necesario distinguir entre zona verde y refugio climático.

No toda zona verde ofrece necesariamente unas condiciones ambientales adecuadas para proteger a la población frente al calor. De acuerdo con los criterios establecidos por la Junta de Andalucía (4), la consideración de un espacio como refugio climático debe atender a factores como la sombra, la vegetación, el confort térmico, la posibilidad de descanso, el acceso al agua, la accesibilidad y la seguridad.

Esta diferencia queda especialmente patente en una investigación reciente sobre Sevilla y Málaga (5), que establece criterios cuantificables para identificar posibles refugios climáticos verdes. El estudio considera espacios verdes públicos de más de 3.000 m² y diferencia su calidad en función de la cobertura y la altura de la vegetación: 85 % de cobertura y 4 m de altura media para los espacios de mayor calidad, y 50 % y 3 m, respectivamente, para otros espacios verdes. Estos criterios evidencian que no basta con contabilizar la superficie de zonas verdes: es necesario analizar sus características y determinar qué espacios, o qué partes de ellos, ofrecen realmente condiciones de refugio frente al calor.

Esto introduce una cuestión fundamental: no todos los metros cuadrados verdes tienen el mismo valor climático.

Y aquí empieza lo verdaderamente interesante para Dos Hermanas: ¿cuántos de nuestros espacios verdes reúnen realmente esas condiciones?

Algunos de los grandes espacios verdes de Dos Hermanas pueden constituir, a priori, excelentes candidatos para formar parte de una red de refugios climáticos. Sin embargo, su superficie o su carácter de parque urbano no permiten considerarlos automáticamente como tales: sería necesario evaluar en cada caso, y posiblemente también en diferentes sectores dentro de un mismo parque, aspectos como la cobertura y altura del arbolado, la disponibilidad de sombra, los espacios estanciales, el acceso al agua, la accesibilidad, la seguridad y las condiciones de confort térmico. Así, la Alquería del Pilar, con unas 11 hectáreas, presenta características que justifican su consideración como espacio potencial, al igual que el Parque de Los Pinos, en Montequinto, que supera las ocho hectáreas y cuenta con una importante masa arbórea. La Laguna de Fuente del Rey añade el agua como elemento ambiental y paisajístico, mientras que la Dehesa de Doña María, con unas 108 hectáreas, constituye una de las principales piezas de la infraestructura verde municipal. No obstante, en todos estos casos habría que determinar mediante un análisis específico qué proporción del espacio cumple realmente los criterios de refugio climático y qué zonas, por el contrario, presentan condiciones insuficientes o requieren actuaciones de mejora.

Pero incluso teniendo potenciales refugios climáticos aparece otro problema: un refugio climático no sirve de mucho si llegar hasta él supone atravesar un desierto urbano.

Imaginemos a una persona mayor que vive en una zona con poca vegetación y quiere llegar a un parque situado a diez minutos andando. Sobre el plano, el parque está cerca. En la realidad, esos diez minutos pueden significar diez minutos bajo el sol, cruzando calles sin sombra, atravesando plazas pavimentadas y esperando en un paso de peatones convertido en una pequeña parrilla. Técnicamente, el parque está “a poca distancia”. Climáticamente, puede estar en otro continente.

Por eso los refugios climáticos necesitan interconexiones verdes.

La idea es sencilla: conectar parques, plazas, jardines, arbolado viario, bulevares, corredores ecológicos y otros espacios mediante itinerarios que permitan desplazarse a pie o en bicicleta con unas condiciones de sombra y confort razonables. El árbol de alineación adquiere aquí una importancia enorme. No es simplemente un elemento ornamental colocado junto a una acera; puede convertirse en una auténtica pieza de infraestructura climática.

La propia Agenda Urbana de Dos Hermanas apunta en esta dirección al plantear una infraestructura verde conectada y relacionar espacios como la Dehesa de Doña María, La Corchuela, la Laguna de Fuente del Rey y el Corredor Ecológico del Guadaíra (6). También se han planteado actuaciones como el Biobulevar de la Avenida Rafael Escuredo Rodríguez dentro del proyecto Dos Hermanas CONECTA (7).

Y el reciente Plan de Biosombra (8), con la plantación anunciada de unos 600 árboles en distintos espacios urbanos y centros educativos, puede contribuir a reforzar esta estrategia. Pero conviene recordar algo que a veces parece olvidarse: plantar un árbol no equivale a fabricar sombra. Para eso hace falta tiempo, espacio, una especie adecuada y, sobre todo, que el árbol sobreviva y alcance un tamaño suficiente. La fotografía de la plantación queda muy bien; la sombra de veinte años después queda bastante mejor.

El objetivo debería ser, por tanto, pasar de una ciudad formada por islas verdes a una ciudad articulada mediante una red verde continua.

Para ello sería posible realizar un análisis relativamente sencillo mediante cartografía y sistemas de información geográfica (GIS): localizar todos los espacios verdes, evaluar cuáles pueden funcionar como refugios climáticos, establecer áreas de influencia peatonal de cinco, diez y quince minutos y detectar los sectores urbanos que quedan fuera de esa cobertura. Después habría que identificar las calles y espacios donde la red se interrumpe y determinar dónde sería prioritario introducir arbolado, sombra o nuevos espacios estanciales.

Y aquí es donde sería conveniente pasar de las buenas intenciones a algunas propuestas concretas.

La primera sería elaborar un Mapa de Refugios Climáticos de Dos Hermanas, identificando y clasificando los espacios existentes según criterios objetivos: superficie, cobertura y calidad del arbolado, sombra disponible, presencia de agua, zonas de descanso, accesibilidad y condiciones de seguridad. No todo parque tendría que recibir automáticamente la etiqueta de refugio climático; algunos podrían ser refugios consolidados, otros potenciales y otros, sencillamente, zonas verdes que necesitan mejoras.

La segunda sería elaborar un Mapa de Conexiones Verdes, localizando los itinerarios que permiten llegar desde las viviendas, centros educativos, residencias, centros de salud y equipamientos públicos hasta esos refugios. El criterio no debería ser únicamente la distancia en metros, sino el tiempo de desplazamiento y las condiciones térmicas del recorrido. Diez minutos andando bajo una buena sombra no son lo mismo que diez minutos atravesando una sucesión de aceras y plazas completamente expuestas.

A partir de ambos mapas podría elaborarse un Plan de Actuación por Barrios, priorizando aquellos sectores que presenten una menor cobertura de refugios climáticos y una mayor exposición al calor. Allí donde la conexión sea deficiente, las actuaciones podrían ser muy concretas: plantación de arbolado de sombra, ampliación de alcorques, creación de pequeñas áreas estanciales, instalación de fuentes, incorporación de pérgolas vegetales y transformación progresiva de espacios excesivamente pavimentados.

También sería interesante aprovechar los centros educativos y sus patios. Muchos de ellos pueden convertirse en auténticos refugios climáticos de proximidad, especialmente para niños, familias y población cercana. Y algo parecido podría hacerse con determinados equipamientos municipales, de manera que la red no dependiera exclusivamente de los grandes parques.

Y siguiendo este último criterio, otra medida concreta podría ser incorporar los templos y casas de hermandad con potencial para incorporarse a una Red Municipal de Refugios Climáticos, identificando aquellos que, por su distribución territorial, capacidad, accesibilidad y condiciones de confort, pudieran ofrecer refugio durante los episodios de calor extremo. La propuesta podría articularse mediante convenios voluntarios con las parroquias y hermandades, estableciendo unos criterios mínimos de apertura, horarios y condiciones de estancia durante las alertas por altas temperaturas. De este modo, Dos Hermanas aprovecharía una red de espacios ya implantada en el territorio y, al igual que Sevilla, convertiría parte de su importante patrimonio religioso y asociativo en un recurso más frente al calor urbano, complementario a los parques, centros municipales y demás espacios de sombra. Esta actuación permitiría acercar los refugios climáticos a los barrios donde vive la población más vulnerable.

Por último, habría que establecer un sistema de seguimiento. Porque plantar árboles, inaugurar espacios y contabilizar metros cuadrados resulta relativamente sencillo; comprobar diez años después cuántos árboles siguen vivos, qué sombra proporcionan y qué barrios continúan desprotegidos ya requiere algo más de constancia. Y precisamente ahí es donde una política de infraestructura verde demuestra si ha sido una estrategia o simplemente una colección de actuaciones.


La propia Agenda Urbana de Dos Hermanas, alineada con el horizonte de la Agenda 2030, contempla buena parte de estos principios: adaptación al cambio climático, reducción del efecto de isla de calor, mejora de la infraestructura verde, creación de áreas de sombra, proximidad y accesibilidad a los equipamientos y una ciudad más saludable y resiliente. El resultado permitiría, por tanto, pasar del simple recuento de hectáreas verdes a evaluar algo mucho más útil desde el punto de vista de la ciudadanía: ¿qué barrios tienen acceso real a refugios climáticos?, ¿cuánto tarda un vecino en llegar a uno?, ¿puede hacerlo caminando bajo sombra?, ¿dónde están los grandes vacíos de la red? Son, en definitiva, preguntas que permitirían comprobar hasta qué punto los principios de proximidad, resiliencia, infraestructura verde y adaptación climática que recoge la propia Agenda Urbana se traducen en una red efectiva y accesible de protección frente al calor.

El reto de Dos Hermanas no debería consistir únicamente en tener más zonas verdes, sino en conseguir que esas zonas verdes funcionen como una auténtica infraestructura de protección frente al calor.

En definitiva, los refugios climáticos deberían ser los puntos de protección y las interconexiones verdes, los caminos que permiten alcanzarlos. El siguiente paso debería ser identificarlos, cartografiarlos, conectarlos y establecer prioridades de actuación. Y, sobre todo, medir después si realmente funcionan.

Porque, cuando hablamos de adaptación al cambio climático, quizá haya llegado el momento de dejar de contar únicamente árboles y metros cuadrados y empezar a contar algo bastante más útil: metros de sombra disponibles para las personas, barrios conectados y ciudadanos que pueden llegar a un refugio climático sin necesidad de enfrentarse a una pequeña expedición al desierto.

Autor texto e imágenes: Jesús Cuenca Rodríguez

Referencias

  1. Observatorio Urbano de Dos Hermanas / Universidad Pablo de Olavide. Informe sobre indicadores urbanos de Dos Hermanas 2024 (ItubDH 2024). https://www.upo.es/observatoriourbanodoshermanas/wp-content/uploads/2025/10/ItubDH-2024.pdf
  2. Ayuntamiento de Dos Hermanas. Agenda Urbana de Dos Hermanas. https://agendaurbana.doshermanas.es/documentacion/
  3. Ayuntamiento de Dos Hermanas. Guía de Parques y Jardines. https://www.doshermanas.es/concejalias/medio-ambiente/zonas-verdes/
  4. Junta de Andalucía. ¿Qué es un refugio climático? https://www.juntadeandalucia.es/organismos/presidenciasanidadyemergencias/areas/sanidad/salud-vida/vigilancia/paginas/que-es-refugio.html
  5. Pablo Miñón, G., Sortino Barrionuevo, J. F., & Vargas Molina, J. (2026). Refugios climáticos: diseño, cobertura y transferencia. Los casos de Sevilla y Málaga. Investigaciones Geográficas, (86), 49-72. https://doi.org/10.14198/INGEO.30258
  6. Ayuntamiento de Dos Hermanas. Agenda Urbana de Dos Hermanas. Proyecto Estratégico P.E. 06. https://agendaurbana.doshermanas.es/objetivo-estrategico-1/
  7. Observatorio Urbano de Dos Hermanas. CONECTA. https://agendaurbana.doshermanas.es/wp-content/uploads/2025/02/INFORME-JUSTIFICACIO%CC%81N-A%CC%81REA-ACTUACIO%CC%81N-EDIL-DH.pdf
  8. Observatorio Urbano de Dos Hermanas. CONECTA: Dos Hermanas plantará 600 nuevos árboles con un ambicioso plan de biosombra para refrescar la ciudad. https://agendaurbana.doshermanas.es/2026/06/08/dos-hermanas-plantara-600-nuevos-arboles-con-un-ambicioso-plan-de-biosombra-para-refrescar-la-ciudad/